8 may. 2010

Se escuchan los tambores de la tribu

Mirando por la red e encontrado este texto que me gusta.
Pertenecemos a un deporte minoritario, que a veces nos hace sentirnos especiales y despreciar a otros deportes llamados de masas. Por las características de nuestros objetivos solemos hacer muchos entrenamientos en soledad.Nadamos en la piscina bien al lado de niños y niñas con dos bañadores superpuestos mucho más rápidos que nosotros bien esquivando otros mamíferos acuáticos que se quejan de que no respetamos su ritmo. Unos y otros nos miran raro. Hacemos series cortas, largas, con palas, con tabla, de técnica, de pierna, cronometradas, contínuas.. quienes no provenimos de la calle de los dobles bañadores avanzamos con poco estilo aunque a veces lo hagamos rápido, con nuestros gorros de colores con números escritos a rotulador, si indican la competición son los gorros de los días de fiesta. En esta época nos conocerás por las marcas del sol a nivel de medio muslo y brazo y aquellos afortunados que compitieron tendrán los hombros abrasados por el sol.En mi caso además me verás con el pelo mojado y despeinado a horas intempestivas, unas veces a las ocho de la mañana, otras a las once y pico de la noche. Con la mochila. En invierno y en primavera. Y la gente, con su pelo seco, mira raro.Nuestras bicicletas, con prolongaciones que lastran su peso y nos cambian la postura. Con sillines más gordos y ruedas más anchas y zumbonas. Que parecen recien sacadas de la portada de alguna revista. A veces con nuestros cascos que se estiran hacia atrás. Para los profanos nos mimetizamos bien con los verdaderos ciclistas, pero éstos no nos reconocen como iguales. Hombros más abiertos, otra cadencia, dificultad para rodar en grupo a alta velocidad. Los que tiramos por la larga a veces coincidimos con alguien al principio o al final de las salidas, tiradas de varias horas que nos acostumbrarán al esfuerzo individual.Corriendo llegamos lejos aunque no seamos los más veloces. Nos presentamos en la salida de medias, diez miles y maratones, a veces incluso tras dejar la bici a algún familiar, con nuestras gafas de pantalla, la gorra, la goma para el dorsal, elásticos en vez de cordones, el pulsómetro que no falte. Igual que en la piscina enseñando nuestros miembros a dos colores.Y cuando fuera de estos ambientes cuentas lo que haces o los que te conocen te ven venir, continúa esa mirada rara. Y a veces te asalta el sentimiento de ser único. Llueva o salga el sol ahí estamos entrenando. Echando horas. Pidiendo material raro por internet o en la tienda habitual. Sabes que hay màs como tú pero pocas veces coincides con ellos, te los imaginas al leer sus blogs o intervenciones en los foros.Y cuando esperando cerca de la puerta de embarque empieza a llegar gente con sus relojes del botón rojo, sus gafas de la O alargada, calcetines cortos a dos colores, piernas definidas sin pelo, te da por sospechar. La confirmación la da la mochila roja o azul que llevan a la espalda con el logotipo de la M con punto y la bomba de pie, y sobre todo esa camiseta donde pone Finisher y debajo el lugar más apreciado por su propietario (todos empezamos con la camiseta del triatlón de aquí al lado y otros no se quitan su camiseta de Kona). No cabe duda, son de los míos, yo soy como ellos. La tribu ha oido la llamada y se reune para celebrar otra competición. Hemos llegado a nuestro planeta. Los volverás a ver en la pasta party en solitario, en grupos o con su familia. Habrán dejado en boxes esas bicis admiradas, observarás esas piezas que tanto buscaste en revistas y webs especializadas, que tanto te costó conseguir (en tiempo y en dinero) y que aquí proliferan como si las regalaran con la inscripción. La tribu ha vuelto ha reunirse para celebrar todos sus ritos. El fin es conseguir la camiseta finisher, pero si has llegado a estar al borde del agua esperando que amanezca para iniciar la fiesta, ya es tuya.
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