1 oct. 2010

Fali "El Coleta", Tor des Géants 2010


Hace unos días llegó a mí gracias a Paco "PG" la crónica de Fali de la "paliza" que se había pegado en Tor des Geants así que me puse en contacto con él para saber si no le importaba que colgara su crónica para que todo el que no lo conozca disfrute de la lectura.
Os aseguro que no os defraudará.  Una prueba al alcance de pocos.
Mi mas sincera enhorabuena.

Faltaban pocas horas para el comienzo y los nervios se iban aplacando…

En Courmayeur, en el valle de Aosta, al pie del Mont Blanc una reunión de casi cuatrocientos locos de la montaña pretendíamos rodear todo el valle en menos de 150 horas. Por delante se nos presentaban 335 Km. de caminos de montaña, para visitar los cinco grandes macizos montañosos del valle:  Mont Blanc,  Gran Paradiso,  Monte Rosa,  Cervino y Grand Combin. Desde Courmayeur a 1.200 m de altitud bajaríamos hasta los 300 m. del fondo del valle y subiríamos hasta los    3.300 m. del Col de Losón, el paso más alto. Subidas y bajadas que acumularían más de 24.000 m. de ascenso y otro tanto de descenso.
La meteorología era incierta, se esperaba mal tiempo sobre todo al principio y al final de la carrera. El mal tiempo a 3.000 m. es realmente malo…
Pero ya estaba todo decidido, íbamos a completar la carrera aunque para ello tuviésemos que recurrir a las fuerzas más profundas. Todo estaba ya planificado con la mente fría, y el sueño era posible, solo había que hacerlo realidad.

A las 10 de la mañana del domingo 12 de septiembre comienza la aventura. Salimos eufóricos, con tantas ganas que en los primeros kilómetros cometemos el primer error. Todos hemos corrido demasiado rápidos, hay que bajar el ritmo.
Durante casi todo el domingo vamos muy agrupados, Valentín, Abel, Juan y yo vamos juntos. El día transcurre según mis previsiones de tiempo y no hemos tenido grandes problemas. Además vamos muy animados. El terreno no es aún demasiado complicado y se avanza bien. De momento con muchas reservas porque como la carrera es muy larga no se puede derrochar nada. Yo llevo la idea de llegar entero al Km. 200 donde comenzará para mí la verdadera carrera, aunque será una incógnita lo que me suceda a partir de las 87 horas o los 242 Km. que son mis límites actuales…
Pasamos por paisajes espectaculares, de media y alta montaña. El glaciar del Rutor se muestra imponente cuando pasamos cerca, menos mal que no había que cruzarlo.

Llegamos a Valgrisenche, la primera base, a las nueve y media de la noche después de recorrer 51 Km., de subir 3.800 m. y bajar 3.400 m. y justo antes de que comience a llover. Aquí coincidimos casi todos los españoles, aunque algunos llegaron antes. Comentamos estrategias y estados. Hemos llegado a la base con una hora de adelanto respecto a mi previsión y la aprovechamos para ducharnos, cenar y descansar. Aunque algunos consiguen dormir, y roncar, yo no duermo más de media hora, estoy demasiado activo, y prefiero seguir.
La organización ya va dando muestras de su enorme despliegue y de su eficacia, está todo perfectamente controlado y coordinado, y la actitud de organizadores y voluntarios es impecable, nos miman, nos cuidan como a un tesoro.



Poco después de la medianoche continuamos la marcha. Salimos los cuatro juntos. El tiempo ha empeorado y se lleva media noche lloviendo y con frío, pero es soportable. El viento no es excesivo. Poco a poco van pasando las horas nocturnas esperando el amanecer. El calor del sol siempre nos revitaliza y así seguimos subiendo y bajando montañas, ni un solo llano…
El segundo día es el más duro, de momento hay que superar tres pasos altos. El primero bien, pero en el segundo me quedo ya sin fuerzas. El col de Entrelor a 3.002 m. de altitud me deja totalmente agotado. Aquí da la cara mi segundo error en la carrera: los días previos no he comido bien, incluso casi nada el viernes porque volaba a mediodía, y ahora estoy vacío de energía. Después de bajar este col, me despido de Juan porque no puedo seguir su ritmo, estoy completamente agotado y aunque pienso continuar lo tengo que hacer más despacio. Ahora es cuando se debe funcionar fríamente y así lo hago. Mantengo una velocidad mínima de progresión pero intento no pararme. Poco a poco voy avanzando y ganándole metros al hueso duro del día: el col Losón a 3.300 m. de altitud y con una subida continua de casi 1.700 m. se me presenta como una pared infranqueable, ni siquiera soy capaz de adivinar por qué punto del muro se pasará al otro valle. Es gigantesco. Pero poco a poco y perdiendo mucho tiempo respecto a mis previsiones lo voy superando. Todo está tan lejos que no puedes pensar en acabar, únicamente piensas que si puedes seguir pues sigues, que para eso has venido. Cuando llegué a la base de Cogne ya habían llegado todos hace rato, pero estaba ya bastante recuperado. En esta base me quedo un buen rato para cenar e intentar dormir algo, pero el comedor y el dormitorio solo están separados por una cortina, y con tanto ruido no consigo dormir más que un rato, aunque sí que he descansado y me siento recuperado.
Este segundo tramo fue de 60 Km. Con 4.100 m. de subidas y 4.300 m. de bajadas en 19 horas.

Poco antes de las 2 de la madrugada del martes 14 salimos Juan y yo para encarar la tercera etapa. Los demás conocidos hace rato que salieron. Solo queda Elías que salió muy rápido en la primera etapa pero aquí el sueño le vencía y necesitaba dormir algo más.
El tercer sector es menos exigente, las pendientes son mucho más suaves y son también menos kilómetros, lo cual me sirve para completar mi recuperación. Ya en Cogne decidí cambiar mi alimentación y comerme el couscous que yo llevaba, que es más energético y por supuesto cada día una ración de 100 gr. de jamón ibérico, y el cambio estaba dando resultado. Durante toda la etapa fui recuperando posiciones, al principio de la carrera estaba en torno al puesto 150,  bajé hasta el 201 pero poco a poco iba cada vez mejor. En la base de Donnas descansé un buen rato, había llegado con Juan, y allí me reuní con algunos más conforme llegaban.
En este tramo recorrimos 47 Km. Subiendo 1.700 m. y bajando 2.500 m. en 12 horas.

A las 8 de la tarde del martes abandono la base de Donnas ya bastante recuperado, y decido cambiar la estrategia de sueño: ya no pararé largo tiempo en las bases, sino que en cambio serán descansos cortos de entre media y una hora cuando ya no pueda aguantar más. Y así lo hago. Ahora vamos juntos Juan, Anaime y yo. Por la noche, subiendo una vereda, Anaime descubre un escorpión en el camino, y me hace pensar que para mí hubiese sido un buen sitio para dormir. A Juan ya empiezan a molestarle en exceso las ampollas y le cuesta seguir el ritmo. Al Llegar al refugio Coda paramos a dormir, yo solamente media hora, pero ellos se quedan más tiempo. Salgo solo y ya no los volvería a ver en la ruta. Estoy muy animado y progreso con rapidez aunque es de noche cerrada me siento con ganas de correr pendiente abajo por caminos técnicos y peligrosos. Voy bien, cada vez mejor. Amanece en la subida al col de Marmontana y la bajada a Niel se hace especialmente larga, pero asequible. Una nueva subida, ahora con mucho calor será la última del sector hasta la base de Gressoney.
Ya estoy en el kilómetro 200, que es donde yo comienzo a darlo todo por mi carrera. El grupo de Valentín, Abel y Oscar pasó por aquí antes, y de Juan y Elías no sé nada en este punto.
Este tramo es uno de los más largos y duros, pero al estar recuperado me resulta muy llevadero, voy muy animado. Han sido 54 km en 21 horas con 4.800 m. de subidas y 3.800 m. de descensos, y el cuerpo no me pide descansos así que a seguir…

Son las 9 de la noche del  miércoles 15 cuando reanudo la marcha, estoy dispuesto a seguir hasta el final parando lo menos posible. Quedan tres tramos menos exigentes que los anteriores que pretendo enlazar en dos días sin parar a dormir. Creo que es posible. Voy progresando y cuando ya no aguanto el sueño me tumbo a dormir sobre una piedra, o donde sea, pongo la alarma para 15 minutos y a seguir… Rápidamente voy ganando kilómetros y en solo 13 horas ya estoy en la siguiente base a 36 Km. después de subir 2.900 m. y bajar 2.700 m. Como son sólo las diez y media de la mañana no necesito descanso. Continúo hacia adelante.

La siguiente etapa, desde Cretaz hasta Ollomont vuelve a ser muy dura. Salí junto a Valentín, Abel y Oscar a los que sin saberlo había adelantado mientras descansaban en un refugio donde yo no paré, pero los ritmos son diferentes, voy más lento en las subidas y más rápido en las bajadas, así que al poco ya nos hemos separado de nuevo. Ellos si seguirían juntos hasta el final. En esta etapa, las vistas al Cervino y al Monte Rosa animan el entorno. Poco antes del crepúsculo, cerca del vivac Reboulaz, llevo tanto sueño que me siento un momento y me quedo dormido sin poner alarma, en unos veinte minutos me desperté tan sobresaltado que estuve varias horas sin sueño. Al llegar al segundo vivac, me alcanzan un italiano, Pietro, y un inglés, entramos juntos al refugio y salimos juntos. El guarda nos recomienda que hagamos juntos el tramo siguiente porque está comenzando a nevar, y la bajada que viene ahora es muy peligrosa. Se trata de una ladera muy empinada de arena y grava fina muy resbaladiza, y en la que un resbalón podría hacernos caer muchos metros. Continuamos la bajada, muy larga, por un bosque donde casi no se veían balizas, pero el GPS cumple su función. La bajada es dura e inestable, hay que andar con cuidado. Al final de la bajada, tras una pequeña subida hay un avituallamiento donde me encuentro a un corredor belga que se había torcido el tobillo y creía que no podía continuar. Tras observarle el tobillo, me ofrecí a ponerle un vendaje funcional, y con él estuvo hasta completar su carrera. Yo necesitaba dormir un rato y así lo hice, unos 20’. Ya renovado continué mi camino. Poco antes de la siguiente base, Ollomont, había que pasar un collado con un cierto peligro y descubrí cuanto de controlados estábamos por la organización. Cada vez que un corredor salía avisaban por radio al puesto siguiente para que lo esperaran, y al llegar confirmaban su llegada. Estaba todo bajo un control estricto. A la base de Ollomont llegué a las seis de la mañana con intenciones de descansar varias horas. Allí me encontré a Roberto y a Josu, acompañantes de Oscar y Txeroki, y les dije que saldría a las 11, pero a las 9 de la mañana ya estaba otra vez en marcha.
Esta vez fueron 56 Km. con 3.700 m. de subidas y 3.800 m. de bajadas en 19 horas, y acercándome de nuevo a mis objetivos temporales…
Ya solo me quedaba un tramo de 50 Km. Con 3.100 m. de subidas y 3.300 m. de bajadas, que recorrería en solo 13 horas, y del que además conocía más de la mitad, pues es el mismo que recorrí en la Petite Trotte à Léon de 2008, se trata de la zona del col de Malatra. Me sentía con fuerzas y con ganas, así que seguí apretando el ritmo. La primera subida sin problemas, la bajada mejor, y luego venía una zona casi llana  al 5% donde corrí a gusto. En Saint Rhemy hacía ya el kilómetro 300 y sabía que llevaba tiempo de sobra para acabar. Alcancé de nuevo a Pietro y con él subí al col de Malatra. Íbamos felices y emocionados. En esta subida, las vacas se habían comido las balizas, lo cual de día no era ningún problema, pero quien pasó de noche como los hermanos Terés lo tuvieron difícil para llegar. Que recuerdos me trajo este paso. Las vistas desde aquí son impresionantes, miras hacia detrás y no llegas a adivinar la profundidad del valle del que vienes, y por delante se presenta imponente el macizo del Mont Blanc, al alcance de la mano. Ya las distancias nos parecen otras, todo parece cerca. Ya desde este punto solo queda una enorme bajada. Primero al refugio Bonatti donde llegué aún de día, y luego al refugio Bertone al que me parecía que nunca llegaría, se me hizo un poco largo el tramo. Desde Bonatti se ve den de cerca Los Grandes Jorasses, lo cual me motiva para venir a escalarlos alguna vez…Poco antes de este refugio me esperaba Elías, que había abandonado la carrera en el kilómetro 200, pero ya estaba recuperado como para acompañarme un rato hasta la meta. De Bertone a meta queda una bajada de 800 m. que se hacen muy muy largos, aunque sean sólo seis kilómetros. Después de acabar el sendero, había una pista fácil para correr donde aumenté mucho el ritmo hasta el final. Llegué a la meta a las diez y veinticinco de la noche del viernes después de haber recorrido más de 340 Km. por los senderos del valle de Aosta y de haber acumulado casi 25.000 metros de subidas y otros tantos de descensos. Después de haber bajado hasta el puesto 201, recuperé hasta entrar en el puesto 99, y aunque realmente el puesto es intrascendente si me motiva el dato de la gran recuperación motivada por tener la mente fría y serena en todo momento, y haber sabido gestionar la carrera para cumplir mi objetivo: completar la primera edición del Tor des Géants.


En la meta había un gran ambiente. Muchos espectadores y corredores. Todo el pueblo lo crucé a una velocidad más propia de maratón que del final del Tor. Estaba como nuevo, no estaba ni cansado ni me dolía nada, y me sentía feliz. Debía estar saturado de endorfinas o eran los efectos del sueño atrasado, pero todo lo que allí acontecía me parecía maravilloso. Había completado la carrera, y me sentía vivo y con ganas de nuevos proyectos y horizontes. Al llegar me ducharon en champagne. Allí me esperaban Juan con Marga y sus encantadoras hijas.

Estaba satisfecho. Había conseguido realizar el sueño. Había cerrado el círculo y además no tenía ninguna secuela física. Ni agujetas, ni ampollas, ni dolores articulares, ni pies hinchados. Solo tenía sueño, y es que durante las 132 horas de carrera solo conseguí dormir realmente 10 horas, aunque si fueron muchas más las de descanso.

Ahora ya queda pensar en el futuro, y ya se va perfilando el siguiente sueño…


                                                                                                                               Fali 


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Con fotos magníficas.


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